El renting gana terreno entre los conductores particulares

El renting gana terreno entre los conductores particulares
 
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Aumenta en progresión constante el número de particulares que se decantan por la solución que la fórmula de renting presenta. Una realidad habitual para empresas y autónomos se cuela, por sus numerosas ventajas en el mundo del vehículo privado

Los motivos por los que el renting crece no dejan lugar a dudas. En primer lugar, se elige un vehículo de entre la más amplia variedad de marcas y modelos. Es posible, de este modo, acceder al que mejor vaya con sus gustos estéticos o necesidades del momento. Después se firma un contrato por un periodo determinado y se paga una cantidad fija cada mes en el que se incluyen seguros, determinadas averías, revisiones, asistencia, impuestos... a partir de ahí se conduce el automóvil con completa normalidad, pero el propietario sigue siendo la empresa de renting.  

Por lo tanto, el objetivo de este sistema no es tener un coche en propiedad, sino disponer de él durante el tiempo acordado. Cuando acaba el contrato, se devuelve y el conductor puede seguir con el mismo o buscar otro vehículo que encaje mejor con su situación en ese momento.

En esa línea trabajan plataformas especializadas como Swipcar. Su proyecto se dirige tanto a la empresa como a los autónomos, aunque el interés de los particulares ha crecido exponencialmente en los últimos años, por lo que también presenta ofertas dirigidas al conductor que utiliza el coche para su vida cotidiana. Al consultar las alternativas de swipcar para particulares es posible encontrar las más variadas marcas, carrocerías y motorizaciones, con cuotas que dependen del modelo, la duración del contrato y el kilometraje contratado.

El coche cuesta bastante más que su precio en el concesionario

Cualquiera que haya adquirido un vehículo por el tradicional sistema de la compra, habrá comprobado que la factura no termina el día que sale del concesionario. Hay que asegurarlo, pasar revisiones, cambiar piezas por desgaste, pagar impuestos y asumir alguna visita inesperada al taller.

A todo esto, hay que añadirle la depreciación. Un coche que costó una cantidad importante puede valer bastante menos unos años después. Para quien pretende mantenerlo durante mucho tiempo, esa pérdida de valor puede tener una importancia relativa. La situación cambia si existe la costumbre de renovar el vehículo cada cuatro o cinco años.

En el renting, terminado el periodo contratado, lo devuelve. A partir de ahí puede escoger otro, cambiar de tamaño, probar una motorización distinta o incluso dejar de utilizar esta fórmula.

Esa facilidad encaja bastante bien con una época en la que las necesidades cambian deprisa. Quizá hoy haga falta un utilitario para desplazarse al trabajo y dentro de tres años se necesite un coche familiar

Las restricciones urbanas también están cambiando el mercado

Cabe preguntarse qué ocurrirá con ese vehículo dentro de unos años. La etiqueta ambiental, por ejemplo, se ha convertido en un dato que se mira casi con tanta atención como el consumo o la potencia.

Las empresas de renting han ido adaptando sus catálogos a este escenario. La mencionada Swipcar cuenta con modelos eléctricos e híbridos junto a vehículos con motores de combustión, de manera que el conductor puede escoger según el tipo de trayectos que realiza, su presupuesto o las restricciones existentes en las ciudades por las que suele circular.

Por otro lado, la tecnología eléctrica continúa evolucionando, aparecen modelos con mayor autonomía y la oferta de híbridos es cada vez más extensa. Quien todavía tenga dudas sobre qué tecnología le conviene a largo plazo puede utilizar un vehículo durante unos años sin vincularse a su propiedad durante una década.

Para un conductor urbano, un eléctrico puede encajar perfectamente. Alguien que recorra largas distancias con frecuencia quizá prefiera otra solución. Y habrá quien siga encontrando en un coche de gasolina la opción que mejor responde a su día a día. El catálogo actual permite jugar con esas posibilidades.

También con coches de segunda mano

Cuando se habla de renting suele aparecer inmediatamente la imagen de un automóvil recién matriculado, pero el mercado se ha ampliado. También existen contratos sobre coches usados o seminuevos.

El renting de segunda mano abre esta posibilidad a presupuestos algo más ajustados. La cuota puede ser inferior a la de un vehículo nuevo y el conductor sigue contando con los servicios que contemple su contrato.

Eso sí, merece la pena leer las condiciones antes de dejarse seducir por una mensualidad especialmente baja. Los kilómetros incluidos al año, la duración, las coberturas, una posible franquicia o las condiciones de devolución tienen tanta importancia como el precio.

También conviene calcular con cierta sinceridad cuántos kilómetros se hacen. Contratar 10.000 al año cuando se recorren habitualmente 18.000 terminará generando un coste adicional.

La comodidad pesa cada vez más

Con el renting, buena parte de las gestiones habituales pasan a estar integradas en el servicio. El conductor sabe qué cantidad tendrá que reservar cada mes para el vehículo y reduce la posibilidad de encontrarse con una factura elevada por una avería. Para una economía familiar, esa previsibilidad es un enorme alivio.

El renting funciona mejor cuando se hacen las cuentas partiendo de la vida real y no únicamente de la cuota que aparece en un anuncio. Kilometraje, duración del contrato, servicios incluidos y necesidades personales deberían decidir qué opción interesa.

Lo que sí parece haber cambiado es aquella idea de que tener coche significa necesariamente comprarlo. Hoy existen más fórmulas y el renting ya forma parte de ellas. Para determinados particulares, pagar por utilizar un vehículo, tener buena parte de sus gastos controlados y poder cambiarlo al terminar el contrato resulta una manera bastante práctica de conducir.

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